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Tratado de los dos caminos

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Tratado de los dos caminos por un morisco refugiado en Túnez

edición, notas lingüísticas y glosario: Álvaro Galmés de Fuentes

  • Edición en papel Formato: 13,5 x 19
    Páginas: 604
    Peso: 0.56 Kg
    ISBN: 84-609-8914-4
    Año: 2005
    40,00€
Conocido sólo de manera parcial y fragmentaria, se publica ahora el texto completo del manuscrito S 2 de la Colección Gayangos (Biblioteca de la Real Academia de la Historia), de la mano de Álvaro Galmés de Fuentes, a cuya edición no lograra dar remate a pesar de trabajar afanosamente en ella hasta el último momento de su fecunda andadura vital.

Este nuevo volumen de CLEAM saca a la luz la que, sin duda, puede calificarse como obra más original de la literatura española aljamiado-morisca, en la que un anónimo morisco refugiado en Túnez, ferviente mumin o creyente musulmán en su nueva tierra (tras la expulsión de 1609-1614) donde puede practicar en libertad la fe que en España debía esconder celosamente, se nos muestra tan versado en saberes islámicos como declarado «admirador de Lope».

En efecto, la publicación de este «discurso de los dos caminos» nos descubre una de las más genuinas manifestaciones de la literatura aljamiado-morisca en cuyas páginas se entretejen las letras hispánicas y las disciplinas islámicas, como no habíamos visto en otras ocasiones, para ofrecernos desde el exilio tunecino una obra maestra de la literatura hispano-islámica y, al mismo tiempo, de las letras españolas del Siglo de Oro. Del acreditado oficio del autor y de su esmerada prosa dan cuenta numerosos pasajes de esta obra, como el fragmento que sigue, perteneciente al final del Tratado, en el que el anónimo escritor hispano-tunecino discursea sobre la banalidad de la vida a la vez que ofrece una evocación retórica de la muerte:

 «… tan penoso amaneçe, quando sin pensar anochece. La mitad del tiempo se lo lleba el sueño y la otra mitad la ambiçión del mundo. Y el mundo perece y, con la muerte, se acaba. Discuydados estamos, dibirtidos bibimos, en cosas que no aprovechan ocupamos el tiempo. El tiempo es brebe y el tránsito forçoso, y todo es finito y pereçedero. La muerte nos sigue, huyr no podemos. Los años de la vida son limitados y los días se cuentan por minutos. De los minutos se haçen las oras, de las oras los días, de los días semanas, de las semanas meses, de los meses años y de los años siglos…»