Un ensayo sobre por qué la izquierda dedica tanta energía a destrozarse a sí misma, escrito con las herramientas del psicoanálisis y la vocación militante de unas organizaciones capaces de desear de nuevo y de construir con el otro.
¿Por qué la izquierda dedica tanta energía a destrozarse a sí misma? Cada purga interna, cada denuncia en redes contra el compañero de la organización vecina, cada asamblea que acaba en ajuste de cuentas obedece a una lógica propia, casi adictiva, que ningún argumento racional desactiva. Este ensayo sostiene que esa conflictividad no es la causa de la derrota política, sino su síntoma.
Con las herramientas del psicoanálisis —Freud, Lacan, Žižek— y en diálogo con Adorno, Butler, Girard o Traverso, el autor rastrea cómo una derrota nunca llorada se convierte en melancolía crónica, y cómo esa melancolía repliega a los colectivos sobre sí mismos hasta que necesitan un enemigo cercano, casi idéntico, contra el que definirse. El adversario declarado deja de bastar: hace falta un chivo expiatorio a mano, alguien del propio bando al que vigilar, acusar, expulsar.
Capítulo a capítulo, Tomàs P. Alfonso desmonta los mecanismos de ese repliegue (narcisismo de las pequeñas diferencias, miedo al borrado, sospecha permanente, agravio que nunca se salda) con la honestidad de quien escribe desde dentro, no de quien señala desde fuera. No es un diagnóstico clínico, ni una acusación, sino una invitación a reconocer algo que todos los izquierdistas, en mayor o menor medida, han alimentado alguna vez. Con el ánimo de construir una militancia capaz de desear de nuevo y de construir con el otro sin exigir, antes, una reparación imposible.