El concepto de «poder blando», o soft power, se refiere a aquellas políticas amables con las que, desechando la coerción o la fuerza, un país trata de mejorar su reputación internacional. Suelen desplegarse a partir de la cultura, valores como la democracia, los derechos humanos y la igualdad de oportunidades, o el estilo de vida. Sin duda, el régimen de Franco empleó deliberada y profusamente estas acciones para revertir el ostracismo que sufría tras la Segunda Guerra Mundial. No obstante, esta cuestión apenas había sido atendida por los investigadores. Spain wasn’t so different. Imagen y poder blando durante el franquismo, editado por Álvaro de Diego González, Nuria María Ríos Sánchez y María Sánchez Martínez, aborda por primera vez de forma sistemática y desde una amplia perspectiva cómo España mejoró su imagen internacional a partir de los años sesenta del pasado siglo. Sus autores explican, entre otras cosas, cómo afectó a nuestro país una crisis de legitimidad que acabó por acentuar la ruptura generacional y la irrupción de una prensa más plural que tuvo en la revista ¡Hola! un auténtico «escaparate de España hacia el mundo y del mundo hacia los españoles». Del «Ni músicos, ni toreros, ni actores» que encontró James Stewart en el Hotel Ritz en la inmediata posguerra a la apertura del Hotel Castellana Hilton con el objetivo de hospedar a los artistas de Hollywood de rodaje, vacaciones o paso por España. En el volumen también se tratan la disruptiva «diplomacia comercial» protagonizada por el ministro López-Bravo, que inauguró las relaciones de un régimen anticomunista con la China roja; la narrativa popular de un cómic que vertebró como elemento socializador a los españoles; el legado del cine de temática religiosa del franquismo; o una nueva imagen de la marca España a través de la gastronomía ofrecida en los almuerzos y cenas oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores. Esta primera monografía dedicada a analizar la relación entre franquismo y «poder blando» reflexiona además sobre una cuestión: ¿Dónde está el límite que separa el deseo formal de mejorar la reputación de un régimen autoritario del espíritu de apertura real que anima a una parte de sus responsables? En un mundo complejo en el que ni siquiera las democracias están inmunizadas ante la involución, una máxima sigue siendo más atractiva que coercitiva: la libertad, como la belleza, empieza en las formas, pero culmina en el carácter.
Políticas amables para revertir el ostracismo

















