Ediciones Trea - 979-13-87790-02-8 - La vuelta al mundo en 80 museos - Eduardo Moga - Agustin Calvo Galan
Formato: 17 x 24 cm.
Páginas: 388
Año: 2025
ISBN: 979-13-87790-02-8

La vuelta al mundo en 80 museos

30,00

«Los museos son luga­res de pla­cer. Nos atraen. Y no solo por su repu­tación, su valor sim­bó­li­co o su peso cul­tu­ral, sino, sobre todo, por sus carac­te­rís­ti­cas físi­cas. Los museos sue­len ser islas de paz en el trá­fa­go de las ciu­da­des, por las que se pue­de cami­nar y char­lar con sosie­go; ofre­cen cons­tan­tes estí­mu­los visua­les, que pue­den resul­tar tan eufo­ri­zan­tes como un par­ti­do de volei­bol de pla­ya feme­nino (o mas­cu­lino); acos­tum­bran a tener bares tran­qui­los, jar­di­nes coque­tos y libre­rías intere­san­tes, lle­nas de obje­tos curio­sos, don­de tomar­se un café, dar­se un baño de sol, tum­ba­dos en la hier­ba, o com­prar algún her­mo­so volu­men de arte o un imán para la neve­ra; y, en suma, ofre­cen a la inte­li­gen­cia y a la sen­si­bi­li­dad, orde­na­dos y expli­ca­dos, amplios aspec­tos del arte y la cul­tu­ra huma­nos. Los museos pro­cu­ran espa­cio para la aven­tu­ra: en sus salas hemos hecho ami­gos, cono­ci­do a aman­tes, vivi­do momen­tos risi­bles o trá­gi­cos; hemos demos­tra­do nues­tra igno­ran­cia o nues­tra eru­di­ción; nos hemos car­ca­jea­do de los demás y de noso­tros mis­mos; hemos pasa­do tar­des de sole­dad y melan­co­lía, y reno­va­do nues­tra fe en la capa­ci­dad del ser humano para sobre­po­ner­se, gra­cias al arte, a sus cala­mi­da­des y su mez­quin­dad. Los museos son cam­pos de feli­ces bata­llas; cir­cos de muchí­si­mas pis­tas que, a dife­ren­cia de los cir­cos de paya­so y doma­dor, hue­len bien; cam­pos de carre­ras en las que nadie corre, sal­vo nues­tra sen­si­bi­li­dad y nues­tro pen­sa­mien­to. Los visi­ta­mos, pues, antes que otros sitios, fas­ci­na­dos por los pla­ce­res que vayan a pro­por­cio­nar­nos, que sabe­mos nume­ro­sos. Y, como somos gen­te de letras, nos gus­ta, ade­más, reco­ger nues­tras impre­sio­nes —el recuer­do de esos pla­ce­res— en cró­ni­cas que dis­fru­ta­mos ponien­do a dis­po­si­ción de los demás.» [Del prólogo]

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