La rama ignorada del saber

El aprendizaje artesano en Castilla durante el siglo XVI

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Este libro estu­dia el apren­di­za­je arte­sano, con­ce­bi­do aquí como uno de los prin­ci­pa­les medios de repro­duc­ción del cono­ci­mien­to téc­ni­co que tuvo lugar en la Edad Moder­na. A tra­vés de él un gru­po social como el de los tra­ba­ja­do­res manua­les con­si­guió trans­mi­tir a las gene­ra­cio­nes pos­te­rio­res el saber adqui­ri­do en los talle­res de for­ma secu­lar. El espa­cio ele­gi­do para cono­cer quién, a quién y cómo se difun­dió este cono­ci­mien­to es la Cas­ti­lla del siglo XVI , un rei­no deci­si­vo en la trans­mi­sión del saber, y un perio­do igual­men­te vital para la con­so­li­da­ción de un mode­lo de apren­di­za­je que per­du­ró en este espa­cio has­ta bien entra­do el siglo XIX, pues solo la expan­sión del capi­ta­lis­mo indus­trial pudo aca­bar con él.

En un tiem­po en que Cas­ti­lla cre­cía eco­nó­mi­ca­men­te, el apren­di­za­je se reve­ló como un sis­te­ma de capa­ci­ta­ción téc­ni­co-pro­fe­sio­nal al tiem­po que una solu­ción para las fami­lias más pobres y des­am­pa­ra­das. En cuan­to al pri­mer pun­to, las prin­ci­pa­les inno­va­cio­nes que tuvie­ron lugar en este siglo eran anó­ni­mas y pro­ce­dían de los talle­res arte­sa­nos. Es esta una inter­pre­ta­ción que res­ca­ta a los menes­tra­les como suje­tos fun­da­men­ta­les en el cam­po de la pro­duc­ción y la trans­mi­sión de la des­tre­za, así como en otro más des­aten­di­do por la his­to­rio­gra­fía como es el de su apor­ta­ción a la inno­va­ción téc­ni­ca. No se expli­ca el cre­ci­mien­to cas­te­llano del siglo sin el con­cur­so de esa impor­tan­te con­tri­bu­ción arte­sa­na, y por ende, sin con­tar con el papel desem­pe­ña­do por el aprendizaje.

En cuan­to a la ver­tien­te social del apren­di­za­je, este estu­dio reve­la que hubo fami­lias que deci­die­ron des­em­bol­sar par­te de su for­tu­na en per­mi­tir una ins­truc­ción téc­ni­ca que faci­li­ta­se a sus vás­ta­gos entrar en un ofi­cio —agre­mia­do o no—, pero en Cas­ti­lla fue­ron muchas más las que man­da­ron a sus hijos a los talle­res para libe­rar a la uni­dad domés­ti­ca de una boca que ali­men­tar. En el siglo XVI, for­ma­ción y nece­si­dad iban de la mano; y el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co solo ayu­dó a sacar a la luz las des­igual­da­des exis­ten­tes a nivel social. En Cas­ti­lla el apren­di­za­je arte­sano se exten­día por mul­ti­tud de ciu­da­des. Las más de 4.000 car­tas de apren­di­za­je que han sido reco­pi­la­das en esta inves­ti­ga­ción para 15 ciu­da­des cas­te­lla­nas reve­lan que su sis­te­ma de ins­truc­ción menes­tral esta­ba inte­gran­do a no menos de tres mil nue­vos apren­di­ces al año. Estas cifras, com­pa­ra­bles a las de otros espa­cios euro­peos, per­mi­ten afir­mar que el siglo fue úni­co en la Edad Moder­na, carac­te­ri­za­do por altas tasas de reclu­ta­mien­to de apren­di­ces por par­te de los maes­tros de la mayor par­te de las ciu­da­des castellanas.

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