No querían guerra sino vivir

La «inventio» de la batalla de Otumba en las fuentes españolas y novohispanas (ss. XVI-XVIII)

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En julio de 1520 se pro­du­jo la bata­lla de Otum­ba. Las fuer­zas de Her­nán Cor­tés, derro­ta­das en Tenoch­titlan duran­te la Noche Tris­te, se reple­ga­ban hacia el terri­to­rio alia­do de Tlax­ca­la cuan­do fue­ron inter­cep­ta­das por un ejér­ci­to de la Tri­ple Alian­za, mucho más nume­ro­so. Ham­brien­tos y heri­dos, aque­llos pocos cien­tos de hom­bres pasa­ron al con­tra­ata­que y logra­ron una vic­to­ria tan ines­pe­ra­da como deci­si­va. El com­ba­te fue rela­ta­do muchas veces a lo lar­go de los siglos, pero no siem­pre de la mis­ma mane­ra. Según una ver­sión, deri­va­da de una car­ta que Cor­tés envió al empe­ra­dor, se tra­tó de un cho­que bre­ve. No obs­tan­te, de acuer­do a otro tex­to redac­ta­do por el pro­pio Cor­tés, fue una bata­lla épi­ca. Entre ambas posi­bi­li­da­des se abrió un amplio espa­cio de reela­bo­ra­ción lite­ra­ria, polí­ti­ca e his­to­rio­grá­fi­ca. Esta mono­gra­fía ana­li­za cómo cam­bió el rela­to de Otum­ba, aten­dien­do al esti­lo retó­ri­co de la épo­ca, a la for­ma­ción de cada autor y a sus fines par­ti­cu­la­res. Asi­mis­mo, exa­mi­na si se die­ron las con­di­cio­nes mate­ria­les para que aque­llos con­quis­ta­do­res com­ba­tie­ran como afir­ma­ron los cro­nis­tas y si, en esas cir­cuns­tan­cias, era real­men­te posi­ble que vencieran.

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