Los grupos sociales y sus vínculos con las instituciones eclesiásticas en la Castilla medieval:

negociaciones, pactos, consensos y conflictos

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El estu­dio de las dife­ren­tes rela­cio­nes que los diver­sos agen­tes e ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas, tan­to a nivel de la Coro­na, como a esca­la regio­nal y local (monar­quía, noble­za, oli­gar­quías urba­nas, con­ce­jos, con­ver­sos, etc.), man­tu­vie­ron con los esta­ble­ci­mien­tos ecle­siás­ti­cos (cate­dra­les, monas­te­rios, parro­quias, igle­sias pro­pias, ins­ti­tu­cio­nes asis­ten­cia­les vin­cu­la­das a la Igle­sia, etc.) a lo lar­go del perio­do medie­val es el obje­ti­vo cen­tral del pre­sen­te mono­grá­fi­co. Este tipo de estu­dios, den­tro de las rela­cio­nes de poder que se desa­rro­lla­ron en la Edad Media, ha mos­tra­do una nota­ble varia­bi­li­dad tan­to entre los diver­sos ámbi­tos como en las cro­no­lo­gías. El obje­ti­vo cen­tral es apre­ciar los cam­bios o con­ti­nui­da­des que se pro­du­je­ron como meca­nis­mos de adap­ta­ción a las mudan­zas polí­ti­cas y socio­eco­nó­mi­cas medievales.

Estas rela­cio­nes que man­tu­vie­ron fun­da­do­res, tenen­tes, titu­la­res, enco­men­de­ros, arren­da­ta­rios a lar­go pla­zo, patro­nos, donan­tes o bene­fac­to­res, tuvie­ron orien­ta­cio­nes muy dife­ren­tes que osci­la­ron entre la pro­tec­ción, el mece­naz­go, los acuer­dos y el con­sen­so y la inje­ren­cia, la con­tes­ta­ción y el enfren­ta­mien­to. Todo ello dio lugar a una serie de situa­cio­nes entre ambas par­tes del bino­mio como la fir­ma de pac­tos y con­tra­tos o la reso­lu­ción de con­flic­tos a tra­vés de la vía judi­cial o la vio­len­cia. Lo ante­rior mues­tra la com­ple­ji­dad de la rela­ción entre los ins­ti­tu­tos reli­gio­sos y los poderosos.

Estas cues­tio­nes reper­cu­tie­ron en las ins­ti­tu­cio­nes ecle­siás­ti­cas, pero tam­bién en los pode­ro­sos e ins­ti­tu­cio­nes, quie­nes emplea­ron dichas rela­cio­nes como una vía de cen­tra­li­za­ción y “nacio­na­li­za­ción” de la Igle­sia del rei­no, de pro­pa­gan­da y afir­ma­ción de los lina­jes, un meca­nis­mo para hacer­se con seño­ríos y gran­des domi­nios monás­ti­cos y de con­trol y arti­cu­la­ción del espa­cio. Ade­más, a tra­vés de dichos víncu­los pre­ten­die­ron poten­ciar su esta­tus, per­se­guir estra­te­gias socia­les y patri­mo­nia­les como la cen­tra­li­za­ción de sus patri­mo­nios dis­per­sos y cons­truir redes de poder en rela­ción con las socie­da­des locales.

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