Formato: 17 x 24 cm.
Páginas: 200
Año: 2022
ISBN: 978-84-18932-80-9

Celestiales desatinos. Antología de almanaques literarios del siglo XVIII (1733-1767)

22,00

En la pri­me­ra mitad del siglo XVIII, el olfa­to lite­ra­rio, y comer­cial, de Torres Villa­rroel trans­for­ma los alma­na­ques y pronósticos
astro­ló­gi­cos reci­bi­dos de la tra­di­ción en un ren­ta­ble mer­ca­do lite­ra­rio en Espa­ña, al refor­zar, en la línea de lo que se está hacien­do en otros paí­ses euro­peos, su con­te­ni­do lite­ra­rio. Serían muchos los escri­to­res que, al calor de su éxi­to, adop­ta­rían su fór­mu­la para hacer­se un lugar en la que se aca­ba­ría con­vir­tien­do en abul­ta­da tro­pa de alma­na­quis­tas. Gra­cias al talen­to y al sin­gu­lar arte de fabu­lar que des­plie­ga en sus intro­duc­cio­nes, Torres había dig­ni­fi­ca­do lite­ra­ria­men­te el géne­ro; sus segui­do­res, en prin­ci­pio, se ciñen a seguir sus pasos, sin ale­jar­se mucho de sus hue­llas. En ese flui­do y mul­ti­for­me monó­lo­go pis­ca­to­rial se cen­tra Celes­tia­les
desa­tinos: anto­lo­gía de alma­na­ques lite­ra­rios del siglo XVIII (1733–1767), pues sobre­vo­lan­do la apa­ren­te homo­ge­nei­dad de los tex­tos que se pre­sen­tan, se pue­den espi­gar voces y hallaz­gos de un inte­rés lite­ra­rio genuino y de valo­res pro­pios; apar­te, cla­ro está, de su paten­te inte­rés como mani­fes­ta­cio­nes de una tran­si­ta­da sen­da lite­ra­ria que, en la pri­me­ra mitad del siglo XVIII y a des­pe­cho de la seve­ri­dad ilus­tra­da, copó el mer­ca­do, enre­dan­do en sus deli­rios a la gran masa popu­lar. Pro­po­ne­mos, pues, explo­rar este modes­to par­na­si­llo de la mano de nue­ve auto­res, de muy dis­tin­tas capa­ci­da­des y desem­pe­ños lite­ra­rios pero repre­sen­ta­ti­vos de las ten­den­cias y mane­ras pis­ca­to­ria­les que, a la zaga de la plu­ma de Torres Villa­rroel, triun­fa­ban en la épo­ca. Para ello, se pre­sen­tan el pró­lo­go y la intro­duc­ción —sec­ción de mayor relie­ve lite­ra­rio— de die­cio­cho alma­na­ques que, comen­zan­do en 1733, en ple­na épo­ca dora­da del géne­ro, nos lle­van has­ta 1767, año de su prohibición.

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