Páginas: 160
Año: 2013
ISBN: 978–84-9704–720‑3

Embarquen por la biblioteca. Una aproximación a los viajes literarios

20,00

En esta obra se estu­dia el fenó­meno de los via­jes lite­ra­rios. Cada vez son más las per­so­nas que empren­den un via­je tras las hue­llas de un autor o un libro por los que se sin­tie­ron fas­ci­na­das. Se pue­de pen­sar que esto obe­de­ce a una moda pasa­je­ra o que está moti­va­do por un feti­chis­mo mal enten­di­do, pero bas­ta leer algu­nos de los bellí­si­mos tex­tos de Clau­dio Magris, de Cees Noo­te­boom, de Gre­gor von Rez­zo­ri, de Nuria Amat, de César Anto­nio Moli­na o de Mau­ri­cio Wie­senthal para com­pren­der que es una per­cep­ción erró­nea. Tam­po­co se tra­ta de un fenó­meno nue­vo. Cuan­do Fede­ri­co Gar­cía Lor­ca está de gira con La Barra­ca por tie­rras galle­gas, se empe­ña en ir a Padrón a visi­tar la casa en la que había muer­to Rosa­lía de Cas­tro, en aque­lla épo­ca con­ver­ti­da en un alma­cén de made­ra. Algu­nos años antes, en 1905, salió Azo­rín a hacer a pie la ruta de don Qui­jo­te. En 1890, la perio­dis­ta nor­te­ame­ri­ca­na Nellie Bly se había pro­pues­to seguir los pasos de Phi­leas Fogg y dar la vuel­ta al mun­do no en ochen­ta días, como el céle­bre per­so­na­je de Julio Ver­ne, sino en seten­ta y dos. Cuan­do Dos­to­yevs­ki y su her­mano Mijaíl lle­gan por pri­me­ra vez a San Peters­bur­go en 1837, una de sus pri­me­ras sali­das, según refie­re Hen­ri Tro­yat, fue para ir en pere­gri­na­ción al lugar don­de Push­kin se había bati­do en due­lo, y des­pués fue­ron a visi­tar la anti­gua casa del poe­ta y la habi­ta­ción don­de había muer­to. Efec­ti­va­men­te, pode­mos situar en esas pri­me­ras déca­das del siglo­xix el momen­to en que algu­nos escri­to­res (como Wal­ter Scott o William Words­worth) se con­vier­ten, por pri­me­ra vez en la his­to­ria, en estre­llas mediá­ti­cas y, uni­do a ello, sur­ge el inte­rés de los lec­to­res por cono­cer los luga­res don­de trans­cu­rrie­ron sus vidas.

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