Páginas: 115
Año: 2017
ISBN: 978–84-9704–989‑4

La catedral de Oviedo y su entorno urbanístico. Consistorio y casco antiguo

20,00

Con la cola­bo­ra­ción y foto­gra­fías de Faus­to Gon­zá­lez Martín

La pla­za de Alfon­so II, a los pies de San Sal­va­dor, fue el cora­zón urbano de Ovie­do duran­te una gran par­te de su his­to­ria. Lo que era un espa­cio tre­pi­dan­te de vida se con­vir­tió en un mar­co vacío que aco­gió lo que hoy son solo micro­cos­mos fan­tas­mas: la urbs pre­rro­má­ni­ca, levan­ta­da por los reyes astu­ria­nos sobre un pobla­mien­to ante­rior; el entra­ma­do medie­val, tes­ti­go de la titá­ni­ca lucha del tem­plo cate­dra­li­cio para poder avan­zar entre un angos­to case­río; una ciu­dad de mer­ca­do en torno a su pla­zue­la y un esce­na­rio reno­va­do al ser­vi­cio de la bur­gue­sía fini­se­cu­lar. En la cor­te de Ovie­do nació el Camino de San­tia­go. Sus pere­gri­na­cio­nes, uni­das al cul­to de las reli­quias más pres­ti­gio­sas de la Penín­su­la, en un camino de vuel­ta, ani­ma­ron las calles de la urbe con el bullir de unas gen­tes pro­ce­den­tes de los más apar­ta­dos luga­res; con­tri­bu­ye­ron al pres­ti­gio de sus gre­mios, cofra­días y mer­ca­dos, for­ta­le­cien­do su eco­no­mía, e impul­sa­ron la cul­tu­ra, con­tra­rres­tan­do el rela­ti­vo ais­la­mien­to de la región con ini­cia­ti­vas como la ele­va­ción de su alti­va fle­cha cala­da, una obra maes­tra abso­lu­ta del góti­co ale­mán. En aras de una fal­sa moder­ni­dad, a la que se unie­ron la revo­lu­ción y la gue­rra con sus des­truc­cio­nes apo­ca­líp­ti­cas, ade­más del desa­rro­llo eco­nó­mi­co, a veces toda­vía más dañino, muy poco que­dó de todo aque­llo. Su recons­truc­ción vir­tual solo pode­mos hacer­la par­tien­do de lo cono­ci­do y segu­ro, más o menos docu­men­ta­do, has­ta lo des­co­no­ci­do e hipo­té­ti­co. Como en la pers­pec­ti­va de un cua­dro, el pri­mer plano es mucho más deta­lla­do que el segun­do, un tan­to más borro­so, pero en el que aún pode­mos per­ci­bir deta­lles, para per­ma­ne­cer el ter­ce­ro en el domi­nio ya de la ima­gi­na­ción. Para los siglos XIX y XX dis­po­ne­mos, entre otras fuen­tes, de las inapre­cia­bles foto­gra­fías anti­guas, con sus imá­ge­nes de un mun­do que peri­cli­tó, y los extra­or­di­na­rios pla­nos que con tan­to mimo se con­ser­van en el Archi­vo Muni­ci­pal de Ovie­do. Para la ciu­dad bajo­me­die­val y de mer­ca­do exis­ten exce­len­tes mono­gra­fías y artícu­los espe­cia­li­za­dos fru­to del deno­da­do esfuer­zo de nume­ro­sos inves­ti­ga­do­res. Para épo­cas ante­rio­res, debe­mos con­for­mar­nos con los esca­sos res­tos con­ser­va­dos, los datos de unas cró­ni­cas muy pos­te­rio­res a los hechos y las recons­truc­cio­nes arqueológicas.

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