Colección:
Páginas: 216
Año: 2010
ISBN: 978–84-9704–383‑0

Pasajes de la melancolía. Arte y bilis negra a comienzos del siglo XX

25,00

La melan­co­lía es, en nues­tra cul­tu­ra, un mito inmor­tal. Naci­da como una enfer­me­dad de inven­ción grie­ga cau­sa­da por los des­ajus­tes de la bilis negra ‑un espe­so líqui­do oscu­ro, vehícu­lo de pade­ci­mien­tos y manías, pero aso­cia­do tam­bién a la fine­za espi­ri­tual, el talen­to artís­ti­co y la voca­ción heroica‑, des­de muy pron­to des­bor­dó el cam­po médi­co y se con­vir­tió en el sello auten­ti­fi­ca­dor del genio crea­dor. Es así como lle­ga al siglo xx, des­po­ja­da del las­tre retó­ri­co pero con­ser­van­do intac­to su sen­ti­do exis­ten­cial: como la mejor res­pues­ta inte­rior al espí­ri­tu de cri­sis y vér­ti­go, pero tam­bién de ambi­ción, con que se afron­ta el nue­vo siglo; como la expe­rien­cia inse­pa­ra­ble de cier­to «sen­ti­mien­to dolo­ro­so de la modernidad».

Una moder­ni­dad, en lo artís­ti­co, atra­ve­sa­da de nar­ci­sis­mo, exal­ta­ción y des­con­cier­to. Se adi­vi­na en los escri­tos más per­so­na­les de algu­nos artis­tas: las memo­rias de De Chi­ri­co, los dia­rios de Klee, las car­tas de Mon­drian; pero tam­bién en su obra: en la pale­ta som­bría de Vla­minck; en los pol­vo­rien­tos cua­dros de Sch­wit­ters; en el mun­do solar de Matis­se, en el genio incan­sa­ble de Picas­so, en la bus­ca de lo abso­lu­to de Male­vich, en la car­ca­ja­da estri­den­te de los dadaístas.

Todos ellos hablan en un idio­ma en el que es difí­cil no reco­no­cer el cor­te­jo de sín­to­mas que siem­pre ha flan­quea­do esta enfer­me­dad atá­vi­ca que solo exis­te en la ima­gi­na­ción de poe­tas y pin­to­res: des­do­bla­mien­to iró­ni­co, nar­ci­sis­mo y furor crea­ti­vo, desa­zón ante lo abso­lu­to y frag­men­ta­ción de la expe­rien­cia, murria y excen­tri­ci­da­des, incli­na­ción por lo resi­dual y lo minúscu­lo, el gus­to de tomar las cosas por su lado inase­qui­ble, la pará­li­sis como fuen­te de ener­gía y, sobre todo, un enten­di­mien­to pro­ble­má­ti­co, oscu­ro y nada com­pla­cien­te del hecho artístico.

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