Ediciones Trea - 978-84-9704-123-2 - Sancho Ramirez - Ana Isabel Lapeña Paúl
Formato: 15 x 21 cm.
Páginas: 336
Año: 2004
ISBN: 978-84-9704-123-2

Sancho Ramírez, rey de Aragón (¿1064?-1094) y rey de Navarra (1076-1094)

Consultar disponibilidad

    El responsable del tratamiento de los datos personales facilitados en el formulario es Ediciones Ediciones Trea S.L (Trea), quien los tratará con la finalidad de atender su solicitud. Tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir sus datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional sobre privacidad.

    El tes­ta­men­to del monar­ca pam­plo­nés San­cho Gar­cés III, del año 1035, fue el ori­gen de la crea­ción de dos rei­nos prin­ci­pa­les en la épo­ca medie­val de la penín­su­la ibé­ri­ca: Ara­gón y Cas­ti­lla. Uno de sus nie­tos, San­cho Ramí­rez, fue rey de los ara­go­ne­ses y des­de 1076 tam­bién alcan­zó a ser sobe­rano de los pam­plo­ne­ses. Con él se ini­ció el gobierno con­jun­to de ambos rei­nos, que se pro­lon­gó has­ta 1134. Des­ta­có San­cho Ramí­rez en sus rela­cio­nes inter­na­cio­na­les y en las inno­va­cio­nes que intro­du­jo en Ara­gón y en Nava­rra, que supu­sie­ron una reno­va­ción de las estruc­tu­ras eco­nó­mi­cas y socia­les, ecle­siás­ti­cas y jurí­di­cas, cul­tu­ra­les y artís­ti­cas, así como la amplia­ción de sus domi­nios a cos­ta de las debi­li­ta­das tai­fas islá­mi­cas situa­das al sur de sus terri­to­rios. A este rey se le debe, entre otras muchas cosas, la aco­mo­da­ción de la Igle­sia a las pau­tas segui­das en el res­to de Euro­pa. Fue, por otra par­te, y así ha sido reco­no­ci­do, una de las per­so­na­li­da­des que más hicie­ron por la con­so­li­da­ción del camino de San­tia­go, y el alma de una nue­va legis­la­ción que iba a supo­ner que emer­gie­ra el fenó­meno urbano en diver­sos luga­res, como la ara­go­ne­sa Jaca o la nava­rra Este­lla. Los cam­bios que se vivie­ron en sus domi­nios, sobre todo en el últi­mo ter­cio del siglo XI, per­mi­tie­ron que a su muer­te, en 1094, sus hijos y suce­so­res ‑sobre todo Alfon­so I el Bata­lla­dor- pudie­ran con­tro­lar la mayor par­te del valle del Ebro.

    Com­par­tir