Formato: 17 x 24 cm.
Páginas: 224
Año: 2011
ISBN: 978-84-9704-582-7

Soldados sin historia. Los prisioneros de guerra en España y Francia a finales del Antiguo Régimen

25,00

Los his­to­ria­do­res de la gue­rra sue­len olvi­dar el sufri­mien­to de los hom­bres. Pre­sen­tan los acon­te­ci­mien­tos con frial­dad, como si las tro­pas fue­ran peo­nes de mar­fil en un table­ro de tie­rra. Pero no es así. Dejan­do a un lado el sufri­mien­to y el dolor de los heri­dos o de quie­nes pier­den a sus seres pró­xi­mos, hay indi­vi­duos que pasan a vivir en una terri­ble situa­ción, los pri­sio­ne­ros de gue­rra: el des­con­cier­to y la desa­zón por el por­ve­nir se adue­ñan de ellos, pues su vida no está garan­ti­za­da o va a desa­rro­llar­se en unas con­di­cio­nes peno­sas. Estos esta­dos han sido obvia­dos y son esca­sí­si­mos los estu­dios de que han sido obje­to los pri­sio­ne­ros de gue­rra duran­te la Edad Moder­na. Esta obra pre­ten­de con­tri­buir a lle­nar un vacío en la his­to­rio­gra­fía espa­ño­la sobre el asun­to, para lo que se ofre­ce el estu­dio y edi­ción de la corres­pon­den­cia de Dio­ni­sio Tomás de las Cagi­gas, un marino espa­ñol que sufrió el cau­ti­ve­rio de gue­rra entre 1794 y 1795, en Fran­cia, y en alta mar a manos de Ingla­te­rra, tes­ti­mo­nio gra­cias al cual toma­mos con­tac­to con los ava­ta­res del fenó­meno polí­ti­co que mar­ca el pun­to final del Anti­guo Régi­men y cono­ce­mos la reali­dad de los pri­sio­ne­ros de gue­rra extran­je­ros en Fran­cia en unos años que cam­bia­ron el mun­do, al mis­mo tiem­po que se estu­dian las con­di­cio­nes de vida de los fran­ce­ses en Espa­ña en ese perio­do. Ade­más de los diver­sos pro­ble­mas mate­ria­les que gene­ra la cap­tu­ra de pri­sio­ne­ros (su ele­va­do núme­ro, la nece­si­dad de alo­jar­los, ves­tir­los y ali­men­tar­los, los gas­tos eco­nó­mi­cos deri­va­dos…), se vive en esta épo­ca un abier­to deba­te entre las auto­ri­da­des mili­ta­res y civi­les acer­ca de la con­si­de­ra­ción del enemi­go y del tra­to que mere­ce tras ser cap­tu­ra­do: mien­tras algu­nos ofi­cia­les salen en defen­sa de los pri­sio­ne­ros de gue­rra, a quie­nes con­tem­plan como hom­bres de armas que mere­cen toda con­si­de­ra­ción, diri­gen­tes polí­ti­cos como Godoy insis­ten en que se les res­trin­jan todas las posi­bi­li­da­des de movi­mien­to o comu­ni­ca­ción. Final­men­te se impon­drá la opción más radi­cal, moti­va­da por el páni­co que se sien­te hacia la Revo­lu­ción y su difu­sión entre el con­jun­to de las monar­quías europeas.

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