Rebatiendo algunos mantras sobre el 14 de abril de 1931

Ediciones Trea - 979-13-88179-10-5 - España 1931 - Vicente Clavero

El mar­tes 14 de abril de 1931 la Segun­da Repú­bli­ca espa­ño­la fue pro­cla­ma­da en Madrid. Ese mis­mo mar­tes, no obs­tan­te, cuan­do las calles toda­vía pal­pi­ta­ban con la demos­tra­ción de entu­sias­mo de su lle­ga­da, se pro­du­cía, tam­bién en Madrid, la pri­me­ra reu­nión cons­pi­ra­ti­va fren­te a ella. Allí se ini­ció el camino hacia el derro­ca­mien­to del nue­vo régi­men, con la deci­sión de crear una «escue­la de pen­sa­mien­to» que pro­por­cio­na­ra la muni­ción ideo­ló­gi­ca nece­sa­ria. En reali­dad, par­te de esa tarea ya se la habían dado hecha los gran­des dia­rios monár­qui­cos nacio­na­les, ABC y El Deba­te, que for­mu­la­ban en sus edi­to­ria­les de esa maña­na dos argu­men­tos que a par­tir de enton­ces se esgri­mie­ron pro­fu­sa­men­te: que la con­sul­ta no había sido un ple­bis­ci­to —es decir, un refe­rén­dum sobre la for­ma de Esta­do— sub­ra­yan­do que, pese al éxi­to de los repu­bli­ca­nos en las capi­ta­les de pro­vin­cia, el cómpu­to glo­bal de los votos les había sido des­fa­vo­ra­ble. Pero, si no se tra­ta­ba de un ple­bis­ci­to y ade­más el escru­ti­nio había dado gana­do­res a los monár­qui­cos, ¿por qué se apar­tó Alfon­so XIII en cues­tión de horas, sin ofre­cer la más míni­ma resis­ten­cia? La res­pues­ta ha sido duran­te déca­das que lo hizo para evi­tar un baño de san­gre. Una teo­ría a la que no solo Fran­co dio pábu­lo, tam­bién algu­nos auto­res con­tem­po­rá­neos ponen en valor la acti­tud supues­ta­men­te des­pren­di­da del sobe­rano al renun­ciar a sus dere­chos, en opo­si­ción al ham­bre de poder que habrían exhi­bi­do sus adver­sa­rios cuan­do tuvie­ron la opor­tu­ni­dad de tomar­lo. Se crean así una espe­cie de man­tras que los detrac­to­res de la Segun­da Repú­bli­ca abra­zan des­de hace más de ocho déca­das. Esto es: que siem­pre care­ció de la nece­sa­ria legi­ti­mi­dad de ori­gen. Pri­me­ro, por­que se impu­so sin con­sul­tar expre­sa­men­te al pue­blo si desea­ba cam­biar de régi­men polí­ti­co. Segun­do, por­que los repu­bli­ca­nos hicie­ron una inter­pre­ta­ción intere­sa­da y abu­si­va de los resul­ta­dos de las elec­cio­nes muni­ci­pa­les del 12 abril. Y ter­ce­ro, por­que al rey no se le dio la opción de bus­car una sali­da menos drás­ti­ca para la cri­sis plan­tea­da. Vicen­te Cla­ve­ro en su obra Espa­ña, 1931. La legi­ti­mi­dad de la Repú­bli­ca (Edi­cio­nes Trea, 2026) reba­te algu­nos de estos man­tras sobre el 14 de abril pro­fu­sa­men­te difun­di­dos por los detrac­to­res de ese régi­men. Para ello, disec­cio­na a fon­do los hechos que desem­bo­ca­ron en su pro­cla­ma­ción, con espe­cial refe­ren­cia al carác­ter y los resul­ta­dos de las elec­cio­nes cele­bra­das dos días antes y al com­por­ta­mien­to de Alfon­so XIII. La obra ana­li­za nume­ro­sos tes­ti­mo­nios, docu­men­tos y datos de la épo­ca, y reco­ge tam­bién las últi­mas apor­ta­cio­nes al res­pec­to. Se tra­ta, pues, de una nue­va visi­ta a un acon­te­ci­mien­to que aún hoy sigue sien­do obje­to de polé­mi­cas ali­men­ta­das por el revi­sio­nis­mo histórico.

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