Hic sunt dracones. Con esta frase, traducida al español como «Aquí hay dragones» los cartógrafos medievales y renacentistas señalaban aquellos territorios inexplorados o peligrosos en los confines del mundo conocido. Hoy en día, tenemos la certeza de que los dragones no existen y conocemos el mundo, geográficamente hablando al menos, pero no por ello han dejado de existir territorios peligrosos o inexplorados. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y el posterior colapso de la URSS en 1991 se ponía fin a la «guerra que no fue guerra», la Guerra Fría. Unos acontecimientos que, al menos durante un tiempo, se creía que darían paso a una nueva era. Sin embargo, y durante las casi tres décadas siguientes, el mundo se estancó en lo que se podría llamar la «contemporaneidad tardía»: un nuevo reparto de cartas, pero la misma partida, con los ganadores y los perdedores de siempre. La acción combinada de la Gran Depresión 2.0 del 2008 y la pandemia de 2019–2020 pulverizó todo aquello que parecía que iba a ir a mejor a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado. La pandemia, con su carácter de experiencia global y total, fue, sin duda, nuestra hecatombe, nuestro estado de excepción, nuestra posguerra y la memoria traumática de la que todos los coetáneos tienen vivencia. El 2020 constituye así el verdadero umbral de una nueva era. En esta nueva era, no obstante, se tiene la sensación de que la historia ha dejado de avanzar; la historia, ahora, se rumia. El retorno a tiempos de connivencia con los totalitarismos, de colonialismo anacrónico y aislacionismo agresivamente expectante, de desconfianza en el conocimiento experto y oscurantismo, de censura inquisitorial, quema de libros y sofocamiento de la libertad de pensamiento se percibe ahora como una tendencia general. No hay una sola idea en el horizonte, bien sea autoritarismo, racismo, colonialismo o genocidio, que no sea una regurgitación de otros tiempos, como si el presente se moviera en una cinta de Moebius. Un eterno y desesperante retorno que queda plasmado en las páginas del ensayo En el presente hay dragones: repensar la historia en la edad incógnita (Ediciones Trea, 2026), de Fernando Hernández Sánchez. El autor destaca que, para conocer las claves de lo que ocurre sería preciso apelar a la capacidad analítica y al entendimiento del presente. No obstante, al conocimiento superficial, cuando no meramente inexistente, del pasado reciente de la sociedad que interpela a la ciudadanía se le suma el impacto de los canales de desinformación, la exaltación del individualismo y la pulsión reaccionaria. Nos adentramos así en la edad incógnita, una nueva división del tiempo, con un presente incomprensible, un futuro desasosegante y nuevos mapas con espacios en blanco que rezan: Hic sunt dracones.













