El siglo XVIII representó un periodo donde se produjeron profundas transformaciones en la política, el pensamiento, la cultura, la sociedad y las artes, todas ellas impulsadas por las élites ilustradas en Occidente. El movimiento de la Ilustración, además, vive en este siglo su máximo apogeo. Un movimiento que, con la luz de la razón y de la ciencia, promovió una revisión crítica del pasado para fundar las bases de la modernidad, siendo uno de sus pilares básicos la recuperación de la Antigüedad clásica, la cual no solo actuó como fuente de inspiración, sino también como modelo normativo y campo de debate. Indagar sobre este proceso constituyó el eje central del VIII Congreso de la Sociedad Española de Estudios del Siglo VIII, celebrado en Tarragona en octubre de 2024, y donde los estudiosos dieciochistas fueron convocados a discutir sobre La Antigüedad clásica en la Ilustración hispánica. Una selección de los trabajos allí presentados se reúne ahora en el volumen La Antigüedad clásica en la Ilustración hispánica (Ediciones Trea, 2026), coordinado por la profesora María Dolores Gimeno Puyol. Concretamente veintisiete estudios que proponen distintos análisis sobre la huella del mundo antiguo en el siglo XVIII, poniendo de relieve varias de las principales líneas de investigación del dieciochismo actual. En su conjunto, conforman una perspectiva multidisciplinar que aspira a una unidad de sentido, a través de cinco apartados transversales, organizados, en la medida de lo posible, según una progresión cronológica. La intención es mostrar los múltiples ámbitos en que los ilustrados recurrieron al legado clásico, adecuándolo a las necesidades de su tiempo: desde reflexiones y tratados estéticos, educativos o ideológicos a manifestaciones artísticas o literarias, ya de tipo general o panorámico, ya concretadas en autores, temas, obras o géneros específicos. Bajo la lógica diversidad de una obra colectiva, el volumen muestra que el retorno a lo clásico en el siglo XVIII no supuso una simple imitación erudita, sino un diálogo dinámico entre tradición y modernidad, en el que los referentes antiguos fueron discutidos y reelaborados para responder a las exigencias del presente. La Antigüedad funcionó así como fuente de legitimidad, instrumento crítico, modelo educativo y horizonte estético, que inspiró la formulación de proyectos de reforma cultural y social y que contribuyó a la configuración de una identidad construida entre la herencia y la voluntad de renovación.

















