Una revisión crítica del pasado para fundar las bases de la modernidad

Ediciones Trea - 979-13-87790-93-6 - La Antigüedad clásica en la Ilustración hispánica - María Dolores Gimeno Puyol

El siglo XVIII repre­sen­tó un perio­do don­de se pro­du­je­ron pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes en la polí­ti­ca, el pen­sa­mien­to, la cul­tu­ra, la socie­dad y las artes, todas ellas impul­sa­das por las éli­tes ilus­tra­das en Occi­den­te. El movi­mien­to de la Ilus­tra­ción, ade­más, vive en este siglo su máxi­mo apo­geo. Un movi­mien­to que, con la luz de la razón y de la cien­cia, pro­mo­vió una revi­sión crí­ti­ca del pasa­do para fun­dar las bases de la moder­ni­dad, sien­do uno de sus pila­res bási­cos la recu­pe­ra­ción de la Anti­güe­dad clá­si­ca, la cual no solo actuó como fuen­te de ins­pi­ra­ción, sino tam­bién como mode­lo nor­ma­ti­vo y cam­po de deba­te. Inda­gar sobre este pro­ce­so cons­ti­tu­yó el eje cen­tral del VIII Con­gre­so de la Socie­dad Espa­ño­la de Estu­dios del Siglo VIII, cele­bra­do en Tarra­go­na en octu­bre de 2024, y don­de los estu­dio­sos die­cio­chis­tas fue­ron con­vo­ca­dos a dis­cu­tir sobre La Anti­güe­dad clá­si­ca en la Ilus­tra­ción his­pá­ni­ca. Una selec­ción de los tra­ba­jos allí pre­sen­ta­dos se reúne aho­ra en el volu­men La Anti­güe­dad clá­si­ca en la Ilus­tra­ción his­pá­ni­ca (Edi­cio­nes Trea, 2026), coor­di­na­do por la pro­fe­so­ra María Dolo­res Gimeno Puyol. Con­cre­ta­men­te vein­ti­sie­te estu­dios que pro­po­nen dis­tin­tos aná­li­sis sobre la hue­lla del mun­do anti­guo en el siglo XVIII, ponien­do de relie­ve varias de las prin­ci­pa­les líneas de inves­ti­ga­ción del die­cio­chis­mo actual. En su con­jun­to, con­for­man una pers­pec­ti­va mul­ti­dis­ci­pli­nar que aspi­ra a una uni­dad de sen­ti­do, a tra­vés de cin­co apar­ta­dos trans­ver­sa­les, orga­ni­za­dos, en la medi­da de lo posi­ble, según una pro­gre­sión cro­no­ló­gi­ca. La inten­ción es mos­trar los múl­ti­ples ámbi­tos en que los ilus­tra­dos recu­rrie­ron al lega­do clá­si­co, ade­cuán­do­lo a las nece­si­da­des de su tiem­po: des­de refle­xio­nes y tra­ta­dos esté­ti­cos, edu­ca­ti­vos o ideo­ló­gi­cos a mani­fes­ta­cio­nes artís­ti­cas o lite­ra­rias, ya de tipo gene­ral o pano­rá­mi­co, ya con­cre­ta­das en auto­res, temas, obras o géne­ros espe­cí­fi­cos. Bajo la lógi­ca diver­si­dad de una obra colec­ti­va, el volu­men mues­tra que el retorno a lo clá­si­co en el siglo XVIII no supu­so una sim­ple imi­ta­ción eru­di­ta, sino un diá­lo­go diná­mi­co entre tra­di­ción y moder­ni­dad, en el que los refe­ren­tes anti­guos fue­ron dis­cu­ti­dos y reela­bo­ra­dos para res­pon­der a las exi­gen­cias del pre­sen­te. La Anti­güe­dad fun­cio­nó así como fuen­te de legi­ti­mi­dad, ins­tru­men­to crí­ti­co, mode­lo edu­ca­ti­vo y hori­zon­te esté­ti­co, que ins­pi­ró la for­mu­la­ción de pro­yec­tos de refor­ma cul­tu­ral y social y que con­tri­bu­yó a la con­fi­gu­ra­ción de una iden­ti­dad cons­trui­da entre la heren­cia y la volun­tad de renovación.

 

 

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